21 años de cine guerrilla en la cámara de Fernando Cedeño

 
En su casa, nadie sabía que bajo la cama de Fernando Cedeño había una tabla rota por la cual  se escapaba por las noches para ir al Cine Oriflama ubicado en la ciudad de Chone. Para entonces tenía 12 años  y el gusto por el cine empezaba a calar hondo en su etapa de adolescencia. Desde una terraza, ubicada frente al cine, él y sus amigos podían  ver las películas sin pagar entrada.

 Fernando Cedeño y su madre Gladis Marcillo Cabal


Por mucho tiempo, la terraza fue su palco. Desde allí, vio a "Bruce lee, el Santo, Jorge Negrete, Pedro Fernandez y el boom de La Mochila Azul”, algunos actores y películas que se convirtieron en sus primeros referentes.  

Luego de la función, volvía  a casa por la misma tabla sin clavo debajo de su cama y, antes de dormir,  imaginaba sus porpias historias. Las recreaba de las revistas que coleccionaba: Kalimán, Grandúa y la Solitaria, Los Hermanos Villalobos, Memín Pinguín y Condorito, que acompañaban su tiempo libre.
Con el tiempo, la influencia del cine de acción, el gusto por las motocicletas y el arte marcial fueron los elementos que definieron sus formas de producción audiovisual. Por una parte, el oficio de productor audiovisual se convirtió en su pasión y en una convicción a seguir; y por otra, sus películas se convirtieron en un fenómeno social de la ciudad de Chone.  

“Nuestro cine se realiza con las tripas, con el hígado, con el cerebro, con todo. Aquí es prohibido decir no puedo. Todo es posible; y lo más bacán de todo es que nuestras películas las hemos hecho sin presupuesto.”  El valor que más reconoce Fernando es la solidaridad que ha encontrado en el equipo de producción de cada uno de sus proyectos; un equipo conformado en su mayoría por amigos. “Así se hace el cine guerrilla”, comenta Cedeño,  “por el estilo y la pasión que se mete en esto.” 

 
Son 21 años los transcurridos del quehacer audiovisual de este cineasta manabita, quien ha desarrollado su producción audiovisual en base a la autogestión. Frente a ello se pregunta, ¿Quisiéramos saber cómo serían nuestras películas si tuvieramos presupuesto?  Y mientras reflexiona sobre el trabajo que hay detrás de las películas que durante 21 años realizó junto a sus amigos, una nueva pregunta la piensa en voz alta: “¿Qué pasaría si todos esos soldados que estuvieron con nosotros se pudieran preparar y capacitarse en espacios de formación?
 

 
La respuesta la encuentra en su propia experiencia y en el marco de la nueva etapa que acompaña al cine ecuatoriano. Asume el futuro de su cine con otro propósito: el de potenciar el proceso de producción en el que ha venido trabajando hasta el momento.  “Si tenemos fondos para nuestras producciones, lo primero que haríamos  es mandar a nuestros colegas a prepararse en otros países” argumenta el cineasta manabita como si su voz se emplazara hacia el futuro. 

La apropiación que Cedeño hace de su trabajo audiovisual se enmarca en el reconocimiento del apoyo recibido por sus amigos y de la población de la ciudad de Chone, con quienes se siente agradecido. No se concibe por fuera de su equipo, por ello asume su compromiso hacia un crecimiento conjunto del equipo de prorducción con el que trabaja, con miras a mejorar la calidad de cada proyecto.
 
En ese sentido, según Fernando Cedeño, “cambiar la ley de cine vigente del país es uno de los elemento más importantes de esta nueva etapa del cine ecuatoriano. Esa es la oportunidad de que nuestras producciones salgan del margen de los apoyos del Estado. Es importante cambiar la ley de cine por una más incluyente que acoja la diversidad de propuestas cinematográficas y audiovisuales que se desarrollan en el país”.
 
Desde mediados de los 90’, Fernando Cedeño ha estrenado cinco películas, que fueron realizadas con bajo presupuesto. Las más importantes, “Sicarios Manabitas”, estrenada en el 2004; un filme que a decir de Miguel Alvear, autor del libro “Ecuador bajo tierra”, es una de las  películas de las que más a circulado copias en dvd  en el país. En el 2013 estrenó la película “Ángel de los sicarios”, un filme que se exhibió en la muestra del Cine Ecuatoriano en New York y que recientemente ganó un Premio Colibrí en la categoría “Mejor producción para soporte físico”.



Fernando Cedeño junto al director de Holocausto Canibal Ruggero Deodato

 Fernando Cedeño en el Festival de Cine Bajo Tierra
En la actualidad Fernando Cedeño ha emprendido un proceso de distribución de su trabajo. Esto, en base a la lógica del comercio del mercado de películas piratas, “ compramos los discos en blanco, las fundas, imprimimos las portadas y nosotros mismos quemamos en las torres que adquirimos para eso. Pero claro, las pelis son nuestras”, menciona Fernando Cedeño.  

Después, con la producción de películas en la cajuela del auto, junto a sus amigos sale a recorrer las provincias del país: Esmeraldas, Guayas, Santa Elena, Santo Domingo, El Oro, Los Ríos, son algunos de los lugares que ya han visitado.  Este propósito ha encontrado buenos resultados en ventas. 

 

 
 La gente los recibe cuando encienden la pantalla sobre el auto y la amplificación para el sonido. Trabajo que lo realiza junto a su amigo y compañero de cámara y lucha, Nixon Chalacama, quienes con su experiencia evidencian la fortaleza de la autogestión.
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