José Antonio Guayasamín
Del viaje en bicicleta a Manaos a la vida de
Carlitos
La nota que compartimos a continuación es un relato de la carrera del cineasta ecuatoriano José Antonio Guayasamín, desde el primer hito que le llevó a convertirse en cineasta  hasta su primer largometraje "Carlitos" -ganador de tres convocatorias del Fondo de Fomento Cinematográfico del CNCINE- un filme que se estrenará en Quito el 13 de marzo de 2015.

Cuando José Antonio Guayasamín se enganchó con la idea de ser cineasta, apenas cursaba la escuela. Tenía 8 años cuando su padre, el cineasta Igor Guayasamín, le regaló una cámara de fotos. José Antonio se maravilló de este oficio, sobre todo, de la experiencia del revelado. Así la recuerda como una práctica mágica que lo ilusionaba por dentro.  Esto, mientras trabajaba con su padre como asistente el desarrollo de sus documentales.
 

 José Antonio Guayasamín a los doce años, cargando el trípode de la cámara de su padre Igor Guayasamín.
 Parelalelamente, José Antonio se dedicó al ciclismo, y cuando cumplió 18 años, junto a sus compañeros de Colegio, realizó por seis meses un viaje en bicicleta a Manaos. Esta vez, además de la cámara de fotos y por pedido de sus compañeros, llevó también una filmadora.

Al volver, realizó una exposición de fotografía y los padres de sus compañeros no se inmutaron enseguida para pedirle que muestre lo que había filmado. Con ayuda de su madre, también cineasta, realizó el montaje. Este video se presentó en el Teatro Pilitécnico y fue el primer hito que motivó a José Antonio a convertirse en un cineasta.

Exposición fotográfica del Viaje en bicicleta a Manaos
Posteriormente, estudió la carrera de Dirección de Cine en la Escuela de Eliseo Subiela y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica de Argentina (ENERC) en la especialidad de Montaje.

Un proceso académico importante para su vida, sobre todo en cuanto a cine de ficción,  lo cual lo complementó con la experiencia de trabajo que realizó en su adolescencia con su padre y madre en cine documental.



 José Antonio Guayasamín en una película de Eliseo Subiela.

 
Mientras concluía sus estudios, José Antonio viajó a Bolivia con la intención de filmar un documental sobre los mineros de Potosí; un lugar que a decir del cineasta ecuatoriano, lo imaginó como el retrato vivo de la obra de Eduardo Galeano, “Las venas abiertas de América Latina”.

Potosí fue el escenario que dio a luz a un proyecto cinematográfico que retrata los conflictos sociales y ambientales que se producen en las minas. Para entonces, este filme de 28 minutos, se presentó en el Festival de Huelva.

Además, José Antonio presentó su filme en las Minas de Potosí,  debía cumplir una promesa que hizo en un ritual sagrado con los mineros, previo a la realización de este trabajo.
"Tenía que devolver la película a la Mina, a la deidad de las minas de Potosí, al TIO o DIABLO.Y así fue, devolví la película a los mineros después de tres años que concluyó el proceso."

Imágenes del documental "Nuna Potosí" de José Antonio Guayasamín

 Imagen del documental "Nuna Potosí" de José Antonio Guayasamín
Esta experiencia le dio un sentido social al trabajo cinematográfico que quería hacer, “un ir y venir de proyectos en donde busco reflejar la realidad apegada a un discurso que refleje a los excluidos, los marginales; a quienes son invisibilizados. Entonces tenía una curiosidad muy grande por saber cómo es el ser latinoamericano y recorrí Sudamérica en bus para aprender en ese sentido”.

Así, José Antonio, de país en país, de historia en historia, volvió a Quito, a Guápulo que fue el barrio de su infancia. Regresó en un período de reflexividad sobre lo aprendido en la academia, sobre el cine ficción y lo adquirido de sus padres respecto del cine documental.
 Así empezó a a idear su próximo proyecto. Recordó lo que le decía un profesor en su estancia en Argentina, “para hacer documentales no necesitas irte lejos, los documentales siempre están cerca de tí”. Entonces recorrió el barrio y en ese redescubrimiento del espacio y la memoria conoció a Noemí Ailla, madre de Carlitos, con quien entabló una buena amistad.

Noemí le contó de su hijo, de la discapacidad que tenía y juntos vieron la manera de ayudarle. “Cuando conocí a Carlitos pensé inmediatamente en ayudarlo, porque vivía encerrado, sin contacto con gente, en una situación de violencia intrafamiliar terrible y lo primero que hicimos fue inscribirle en la escuela del barrio”. Como no querían recibirlo en la escuela y para generar presión, José Antonio llevó una cámara para registrar la respuesta de las autoridades de esta institución educativa, sin saber que posteriormente la historia de Carlitos se convertiría en su primer largometraje. 

 Imágenes de la película "Carlitos" de José Antonio Guayasamín.
Carlitos no pudo estudiar, lo rechazaron por su discapacidad. Después de algunas semanas le encontraron un trabajo en la fábrica de salchichas del barrio.

Pasó algun tiempo hasta que se planteó hacer un documental sobre la vida de este joven. Inicialmente quiso, a través de la vida de Carlitos, mostrar la realidad que viven las personas con discapacidad, las formas de exclusión, violencia y marginalidad que rodean a esas personas.

Con esa idea participó en la Convocatoria al Fondo de Fomento Cinematográfico del CNCine en el 2010 y no fue seleccionado. “Un proyecto necesita más tiempo para pulirse, me dediqué ocho meses en realizar la propuesta y nuevamente participé en el Fondo de Fomento en el 2011, esa vez gané en la categoría de Producción de Documental”.  Así, con una propuesta mejor desarrollada ganó el Fondo de Fomento y empezó el proceso de desarrollo de su filme.

 Etapa de rodaje del filme "Carlitos" de Antonio Guayasamín.
 Había pasado un año desde que inició el proyecto y ya con el fondo alcanzado se encontró con una realidad totalmente diferente a la que conoció. Desde que Carlitos trabajaba en la fábrica, su vida estaba más equilibrada. La familia se encontraba muy bien, tanto en lo económico como en lo humano.

“No sabía que hacer, me quedaba sin el argumento de mi película, me quedaba sin película. Estuve a punto de devolver el dinero que había ganado del Fondo de Fomento.” A esa situación  se sumaba otra complejidad relacionada con el rodaje del filme.
“El despliegue de equipos y personal técnico para el rodaje transformaba la situación humana de Carlitos, pasábamos horas intentando filmar, queríamos que haga algo, pero él solo nos veía”.
 En esa situación José Antonio entró en crisis y pensó en el proverbio chino Crisis/ Oportunidad. En este caso la oportunidad significaba entender que su manera de hacer documental tenía que resignificarse, no tenía elección, era continuar o devolver el dinero a los auspiciantes.

Decidió seguir adelante con el proyecto y lo reorganizó en todo sentido, el cronograma, la historia y proyecto.
“Ya no se trataba de una historia sobre un chico con discapacidad. En ese momento la intención cambió, ya no queríamos reflejar la discapacidad a través de él. Desde entonces la historia la construimos en proceso, en base a su silencio y su forma de ser muy particular. Con en esa idea mutamos y el rodaje se prolongó por tres años.”
En ese proceso, la amistad con Carlitos y su familia creció inmensamente y con el tiempo la presencia del equipo de rodaje dejó de ser incómoda.  La historia era un camino que se descifraba en el tiempo, la permanencia y la amistad. Lo primero que hicieron fue “eliminar de la cabeza la palabra discapacidad, porque eso siempre generaba una pauta de diferencia; y esa predisposición ante el proyecto nos permitió comprender las dinámicas del silencio y todos los detalles que surgen de ese acto”.  

A decir de José Antonio este aprendizaje se asemejó a la magia del revelado que lo cautivaba de niño, la vida de Carlitos,
"en su silencio descifraba su historia y la película se construía como las imágenes que se revelan en el cuarto oscuro ".   
 

 Imágenes del rodaje de la película "Carlitos" de José Antonio Guayasamín.
 Entonces la historia del filme le fue revelada, supo que debía ir a lo profundo, mirar desde los ojos del protagonista, desde su propio silencio e interpretar el sentido que orienta sus pasos. La paciencia fue el valor aprendido más importante de esta experiencia de tres años de rodaje; un proceso constante donde el filme se recreó varias veces, hasta dar con el corte siete editado por Anabella Lattanzio.

La sensibilidad de la montajista argentina dio con el propósito que descifró José Antonio Guayasamín en todo el proceso; adentrarse en el mundo de Carlitos, en su lucha cotidiana por salir de su silencio, en esa constante adaptación que Carlitos enfrenta; y frente a las adversidades, la dimensión de una historia de amor incondicional.
 José Antonio Guayasamín, 1979.  Director y montajista graduado en la escuela profesional de cine Eliseo Subiela y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC), Argentina.

Con sus documentales: "Nuna Potosí", "Baltazar Ushka, el tiempo congelado" explora el enfoque observacional. Ha participado en varios festivales internacionales. Ganador del Primer Premio Signis Ecuador en 2006, el premio Espiello Choben en España en el 2011 y tres convocatoria del Consejo Nacional de Cine del Ecuador con su primer largometraje "Carlitos".

Actualmente dirige su productora La Verité Films realizando contenidos educativos y programas para televisión. 

 

 
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