De vuelta a casa

 
Fue entre 1963 y 1967 que el ceramista belga, Cètric de Villers, llegó al país con el Cuerpo Voluntario Europeo de Paz en Ecuador. Vino acompañado de su esposa, Anne-Marie Sikker Hansen, quien también enseñaba costura y cocina en un albergue campesino de Riobamba, lugar donde se casaron y tuvieron dos hijas, Michèle y Karine.
En este periplo, Cètric de Villers trajo consigo una filmadora con la intención de enviar a su familia de Bruselas videos como si fueran cartas, suvenires de sus recuerdos que se guardarían por varias décadas en el baúl de su madre. 

Después 44 años los rollos fílmicos de Cètric vuelven a casa. Su hija, la cineasta Karine de Villers, ofreció este valioso documento fílmico al Ecuador, un archivo de video silente que data de una época de la cual no existe otro registro similar. Un archivo que puede ser muy significativo para aquellos cieneastas que trabajan sobre memoria, para recrear los sentidos de las filmaciones de Cètric quien al dejar el país se fue con una nueva forma de mirar las cosas.



 

 
Fue el 6 de noviembre del 2014, en FLACSO Cine, que Karine de Villers entregó al CNCine y la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana estas cintas. En la entrega del material fílmico estuvieron presentes, el Director del CNCine, Juan Martín Cueva, el responsable de la digitalización y vídeo de la Cinemateca de la CCE Fabián Cadena y Karine de Villers, quienes firmaron las actas de esta donación.

En ese marco Juan Martín Cueva habló de la importancia del archivo fílmico como patrimonio intangible de la memoria social del país, “en el CNCine reflexionamos sobre la importancia de recuperar y tener copias del material patrimonial del Ecuador. Para ello tratamos de contribuir y trabajar conjuntamente con la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que es la institución encargada de preservar este patrimonio fílmico”. 
 
Los que estuvimos en el evento pudimos mirar diversas imágenes del país, enmarcadas en la década del sesenta, los barcos de pesca en el Puerto de Guayaquil; el majestuoso Chimborazo que alberga en su valle una gran cascada. El paisaje desde el Autoferro -un tren a vapor donde Cétric viaja por la Cordillera de los Andes en medio de casas de paja que abren la ruta para llegar a la Nariz del Diablo-.

El ceramista belga retrató también sus filmaciones a la gente, los vendedores ambulantes que se congregaban en la estación del tren. Las calles de Riobamba pobladas de hombres con vestidos de poncho y mujeres con bebés sobre la espalda. El mercado de frutas y verduras. El Carnaval y la fiesta de las máscaras, enriquecidos de personajes alegóricos que bailan zapateando sobre el suelo con música hecha de bombos, flautas y platillos. La procesión y el sincretismo religioso que se recrean en el transcurso de la estatua de San Diego (patrón de los agricultores) sobre los hombros de los indígenas en un camino pedregoso de montaña. El desfile de las autoridades de Riobamba con sus marchas militares y estudiantiles. Y en la Amazonía, imágenes de diversos pueblos y familias de Colorados, la piragua de motor navegando por el río Napo  junto a canoas a remo de los indígenas que viven en la ribera.  Además, de otras imágenes de la Plaza Grande de Quito y una serie de tomas de las corridas de toros.
 
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