Silverfish, el cambio de piel como crecimiento
 

 
El filme de Alfredo Mora Manzano, Silverfish, ganador en la categoría de desarrollo de la segunda entrega de Fondos de Fomento 2014 se encuentra en  etapa de desarrollo.  El miércoles 15 de octubre visitamos al cineasta para hablar sobre el proceso en que se encuentra su filme, un proyecto en donde además de ser el director de la película Alfredo es también el escritor y protagonista.

La procrastinación fue el concepto con el que partió la charla para referirse a la película en curso – se refiere a aquellas acciones o hábitos de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables-. 
 

 
“Todos tenemos en la vida algo que no hemos terminado” añadió el cineasta, mientras complementaba su argumento con reflexiones de su vida, de aquello que había elegido,  olvidado; aquello que  había dejado inconcluso. Nos habló de su tiempo y del tiempo humano que se condiciona en su entorno social. Y al referirse a su filme, se refirió a un proceso de metamorfosis en el que mediante  su trabajo se  adapta y transforma, en una experiencia de mirarse así mismo y recrearse en la ficción.
 
Es así como surge el título del filme, Silverfish que en español significa Pececillos de plata. El título se refiere al nombre de un insecto de rasgos primitivos, carente de alas, que muda su piel ocho veces durante toda su vida como una forma de adaptación al cambio; el cambio de piel como crecimiento.

Esa es la actitud de Alfredo Mora Manzano en el desarrollo de este filme , se siente como un Silverfish que se adapta al mundo, al cambio, y que muda de piel para trazar los rasgos que construyen la narrativa de este proyecto cinematográfico. Un proyecto donde sus amigos son los personajes que alimentan la historia desde sus propias vidas y sentidos, “amigos que no se acomodaron al molde de una vida que no querían”.
 
De esa manera el cineasta recrea, escribe y rescribe su filme, en el marco de una red de amistades que continúa en su vida. Así se expresa su trabajo, en la afectación del reencuentro, en la condición de cumplir cuarenta años, en la insistencia de avivar una banda de rock de su adolescencia y avanzar en aquellos sueños que quedaron inconclusos.
 
Realizar esta película para el cineasta “es una forma de recuperar el tiempo perdido, de avanzar en el cambio, de entender que lo único que no cambia es eso, el cambio” menciona Alfredo mientras se toma con nosotros el café esmeraldeño que nos invitó en su casa . “A los cuarenta años, en la mitad de la vida, se puede decidir hacer cualquier cosa y en cada década la condición es la misma. Se puede elegir si se reconoce lo que se quiere; y eso es algo esencial de esta película”.

 

 
Después de una charla relajada frente a las montañas que cubren al barrio de Guápulo, pudimos acercarnos al filme de Mora Manzano y reconocer que su trabajo se crea como un ritual de crecimiento. Un ritual que parte de la memoria como motivación; y se condiciona también en la duda, el miedo y la angustia como sentimientos que atacan al porvenir. Vimos que su trabajo es una suerte de tragicomedia que explora los sueños inconclusos; y en lo técnico, un trabajo que rompe con los límites que diferencian al documental, la ficción y el experimental.

Silverfish es una película en desarrollo que busca concentrar su a atención en los dilemas de una generación y en el sentido que brota detrás de los ensueños de una juventud que se hace accesible cuando se alcanzan sus deseos inconclusos.
 
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