Dos adolecentes de los ochentas realizaron el filme “Ochentaysiete”
Entrevista a Anahí Honeisen, directora de la película Ochentaysiete.  Anahí fue guionista y co-directora del largometraje "Tres" y co-directora y actriz de la película "Esas no son penas". Fue también productora a cargo de la promoción y distribución del largometraje "Fuera de juego" de Víctor Arregui y ha producido también los cortometrajes "Trench y "Tuyo hasta la muerte". Ha trabajado también como profesora de actuación y  realizado la dirección de actuación de varias películas.
 

 
¿Qué les motivó hacer una película contextualizada en la década del ochenta?

Una de las razones principales de ambientar la película en esa década fue por que nosotros con Daniel Andrade fuimos dos adolecentes de los ochentas. Conocimos ese momento y por ello pudimos situarnos en esa etapa más fácilmente, ambientarla y reconocernos ahí. Esto, en un marco de tensiones políticas que sucedían en el gobierno de Febres Cordero. 

Quienes fuimos adolecentes en los ochentas, nacimos en la dictadura y crecimos en el retorno a la democracia. Esa fue la marca de nuestro tiempo, esa transición que se forma además por una serie de cambios culturales importantes en todo el mundo. 

En el caso de la película, fue fundamental enmarcar la historia en 1987, ya que fue un momento donde las familias argentinas que migraron al país -exiliadas de la dictadura de Videla- estuvieron obligadas a retornar a la Argentina. Por ello contextualizamos la historia en ese moemnto, ya que el personaje principal  es un joven argentino que tiene una familia vinculada a la militancia de los grupos políticos de izquierda.

La amistad es un tema importante en el filme ¿Cómo mirar en retrospectiva la amistad, las relaciones que se construían en los ochentas a diferencia de ahora?

Pienso que las relaciones de amistad en los ochentas tenían como escenario los barrios. Es ahí donde hacías tus amigos, (no por afinidad, como ahora en que tienes a tus amigos dispersos por todo la ciudad, sino por cercanía). Las amistades se creaban en la cotidianidad y la convivencia, se daban por la cercanía.
¿Por qué el interés de mostrar una historia en la idea de la adolescencia y la maduración?

El paso del tiempo es un tema que nos interesa mucho, reflexionar sobre el pasado, sobre el transcurrir del tiempo. Me parece interesante mirar cómo cambia la gente, cómo se construye su vida, su contexto; y también, observar aquellas cosas que no cambian junto a otras situaciones que se olvidan y desaparecen.  Por otro lado, pienso que la adolescencia es un momento de la vida importante, por que en ese paso de la vida ocurren cosas por primera vez que moldean a la persona que vas a ser después. Vives momentos que te marcan por mucho tiempo y eso nos pareció interesante destacarlo. Respecto de la adultez, el eslogan de la película lo dice, “La película que tus papás no quieren que veas”. Se basa en la idea de que cuando uno crece se olvida que también fue un adolecente.

 
¿Cómo fue para los actores que interpretaron el papel de adolecentes situarse en ese contexto histórico?

Fue lindo cuando filmamos, los chicos decían: “Nosotros hacemos lo mismo que ustedes sino que ya no oímos la música en casete”. Entonces pensé que, en muchos casos, cambian los medios pero las inquietudes -con sus matices- se mantienen. También fue gracioso ensañarles a rebobinar el casete con el esfero; contarles que para saber de un amigo había que espiarle por la ventana, tenías que acercarte, verle, no de otro modo, no había otra forma de ver a tus amigos si no era por el contacto. 

Además pude reconocer que en los adolecentes de ahora hay mucha conexión con la estética de los ochenta, más que con otras épocas. Es interesante ver cómo vuelven los ciclos, las modas; y que hay temas que se reciclan de ese tiempo, como la música. Ellos oyen y conocen la música que oíamos nosotros y de igual modo la disfrutan. Hay una conexión, por eso no fue tan difícil venderles la época para que actúen.

¿Hay alguna relación de este nuevo trabajo cinematográfico con anteriores proyectos?


Lo que tienen en común mis películas es la inquietud respecto del paso del tiempo pero cada una se basa en un universo distinto.  En “Esas no son penas” trabajé el universo de lo femenino, además fue un filme de menos presupuesto, con un equipo técnico reducido. 

En “Ochentaysiete” la exploración fue lo masculino y la adolescencia (la aventura, descubrir cosas). Además, en este último trabajo, hubo mucha más gente en la producción, más locaciones, actores, y por ello más presupuesto y tiempo.

¿Cuánto tiempo les tomó hacer Ochentaysiete?

Estuvimos varios años, podría decir que desde el 2007 que nació la idea de hacer esta película. Ya con un guión mejor elaborado en el 2008. Después filmamos en el 2011 y estrenamos en el 2014. Venimos trabajando varios años en este proyecto.

 
¿Cómo fue el tratamiento de la fotografía?

Hubieron varios elementos en el concepto de este trabajo. Un aspecto importante fue la búsqueda de locaciones. Queríamos encontrar locaciones reales, en primer lugar por el presupuesto porque es mucho más económico que ambientar un escenario; y también, por el encanto que tienen las locaciones reales.


Fernando Soto que trabajó en las locaciones buscó durante seis meses distintos espacios, peinando la ciudad. Sostenía que en Quito hay lugares que se quedan congelados en el tiempo. Fue en un moto a buscar escenarios ochenteros por distintos barrios. Teníamos que encontrar una casa junto a la otra. Encontramos calles enteras que podíamos filmar. 

Después de este primer momento, con el aporte de la coproducción de Argentina, se hizo la dirección de arte.

Otro elemento importante fue la textura de la película, fue filmada en 35 y eso le dio una textura que evoca los ochentas. En el caso de la música también, se grabó con una serie de micrófonos viejos, amplificadores e instrumentos que le dieron la misma textura ochentera.
 
 
¿Cómo fue el proceso de coproducción con Argentina y Alemania?

Fue un proceso que se dio sin forzar nada, la misma estructura del guión permitió que la coproducción sea argentina porque el personaje principal es de este país. Las necesidades permitieron que se abra paso a una coproducción con Argentina. 

El proceso nació también de la amistad que hicimos con una persona que estuvo de jurado en el Festival “Cero Latitud” y vio los proyectos en marcha, entre esos, “Esas no son penas”. Desde ahí nos hicimos amigos, le gustó nuestro trabajo, nos propuso trabajar y cuando tuvimos el guión de “Ochentaysiete” le enviamos y se unió al proyecto. 

Con la coproducción Alemana, de igual modo, se dio de esa forma. El CNCine nos dio un apoyo de escritura de guión y cómo requisito había que hacer un taller con unos asesores (uno de escritura y otro de guión) y vino un productor alemán para ese taller. Leyó el guión, le gustó y nos abrió las puertas para una coproducción. Entonces, cuando pensamos en un tercer socio, le llamamos a él.

¿Después de estreno en Ecuador piensan participar en festivales internacionales?

Si, hemos aplicado a festivales internacionales y estamos en espera de respuestas. Por ahora no te puedo adelantar nada porque estamos dedicados de lleno en el estreno de la película en el país.

Ochentaisiete es la nueva película ecuatoriana dirigida por los cineastas Anahí Hoeneisen y Daniel Andrade. Su estreno inició el 19 de septiembre en 30 salas del país.

Los directores hacen un flashback a 1987, y cuentan la historia de Pablo, Juan y Andrés, un grupo de amigos adolescentes que experimentarán el amor, el deseo, los celos y el peligro por primera vez.

La película fue rodada analógicamente en film de 35 milímetros. Ese recurso, según Daniel Andrade, director de la cinta, "se utilizó para mantener la textura del trabajo fílmico y transportar al espectador a la década de los 80’s".

El filme es una coproducción entre Ecuador, Argentina y Alemania y fue premiado por el Consejo Nacional de Cinematografía del Ecuador; el Fondo Ibermedia para Desarrollo y Coproducción, el Fondo Cinematográfico de Hamburgo y el premio para terminación de Proyectos en Marcha del Festival La Orquídea de Cuenca.
 
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