“Y en el centro de la Tierra había fuego”
Entrevista a Bernhard Hetzenauer
Bernhard Hetzenauer, de origen austriaco, es  director de cine, documentalista, escritor y fotógrafo. Estudió en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena, en la Universidad del Cine Buenos Aires y en la HFBK Hamburg (Master of Fine Arts en Cine con Wim Wenders y Pepe Danquart).

La entrevista que les compartimos a continuación es una reflexión de un modo de hacer y entender el cine documental, es el relato de una experiencia y aprendizaje que  Bernhard Hetzenauer adiquirió en el desarrollo de su filme “Y en el centro de la Tierra había fuego”. Una película que el cineasta austriaco realizó en Quito, y que  trata de la vida de Vera Kohn ( reconocida terapeuta que perteneció a la comunidad judío-alemana en Praga y  llegó al Ecuador en 1939 huyendo del nazismo).

Este filme se trata de un  “un ensayo sensorial sobre la naturaleza del tiempo y la historia. Vera Kohn, terapeuta discípula de Karlfried Durckheim e introductora del budismo zen en Ecuador, narra su huida de Praga en el verano del 1939 hacia Ecuador; los setenta y más años que han transcurrido desde entonces no han convertido al pasado en ceniza. Quito se vuelve el escenario para enfrentarlo con el presente, la culpa y la aceptación.” (Gabriela Alemán).
 ¿Cómo surgió la idea de contar esta historia?
Cuando presenté mi documental “Todos nos hacemos ilusiones” en el Festival EDOC en el año 2008, el equipo del festival me habló sobre Vera Kohn, una señora de casi 100 años, curandera, bruja, psicóloga, mujer sabia, judía alemana de Praga que huyó del régimen Nazi al Ecuador. Esa información fue suficiente para despertar mi curiosidad. La quería conocer. Hice una cita, fui a su casa y, cuando nos conocimos, instantáneamente hubo una sensación de cariño mutuo.

Le conté del pasado de mi abuelo (quien fue un militar de la SS en la Segunda Guerra Mundial). Vera me propuso trabajar sobre eso y durante varios meses asistí a sesiones de psicografismos en su casa.


 En esta época aprendí muchas cosas sobre mi mismo y sobre los deseos inconscientes, sobre la conexión de cuerpo y la mente; sobre perdonar. Había sido cierto lo que escuche de Vera, era una terapeuta  muy sabia.
 ¿Cómo fue metodológicamente el desarrollo de este filme?

Tuvimos que encontrar un modo de trabajar sin exigirle demasiado físicamente a Vera, por su edad. Encontramos un modo de filmar dos o tres veces por semana y cada sesión duró una hora. De ese modo nació la decisión de hacer una película de historia oral; surgió básicamente por las necesidades y posibilidades de Vera.

Como no era posible hacer "re-enactments" o filmar escenas grandes con Vera, elegí como recurso las narraciones que ella hacía en primera persona, sus fotos y algunas filmaciones antiguas de 16mm en color, que Vera había registrado recién llegada a Ecuador. Para crear un contraste entre el viaje de Vera a Ecuador y el mío, filmé en 16mm, blanco y negro, varias impresiones mías de Quito - personas en las calles, naturaleza y paisajes - como una rama visual de imágenes introspectivas, que fueron acompañadas por mi propia voz en off. Después, en la edición intenté a encontrar un ritmo y una velocidad que fueron los indicados para la narración de vida de una mujer de casi 100 años.
¿Qué opinas de la idea que define a tu película como ensayo sensorial de la naturaleza del tiempo y la historia?

Me gusta esa definición. Es verdad, mi película es más ensayo que documental, por la forma visual que elegí. Creo que este trabajo fue filmado de una manera más sensorial que intelectual (por eso también la dura y larga época de edición de dos años).

Me dejé  guiar por la intuición y por las cosas que surgieron en las conversaciones con Vera. Yo tampoco sabía que iba a pasar cuando nos íbamos al Teatro Sucre o a la Cineteca de la Casa de la Cultura para ver las viejas filmaciones de Vera. 

 
En esos trayectos que realizamos surgieron momentos muy sorprendentes, Vera me regaló unas reacciones honestas y emotivas. Fue así que aprendí mucho sobre la manera en como Vera asumía el tiempo, la memoria y la historia.
 
Uno de los temas que se tratan en tu película es la segunda guerra mundial y el nacismo ¿Qué nos puedes contar de eso? 

Mi idea inicial había sido narrar la vida diaria de Vera (sin algún comentario mío de voz en off) quiero decir sin mencionar la historia de mi abuelo; simplemente quise observar la vida cotidiana de aquella mujer, su trabajo, sus pacientes, su filosofía. Pero Vera no estaba dispuesta para eso. Era muy consciente de la cámara y no quiso exponerse más a lo que ella pensaba necesario.

Por esa razón y para encontrar una manera más viable de llegar a mostrar cosas más personales en el documental, tuve que buscar otras formas de retratarla. Así, decidí ser otro protagonista del filme, al mismo nivel que Vera –para abrirnos juntos hasta perder conciencia de la cámara-. Ser el protagonista de mi propio filme implicó afectivamente una confrontación con mi pasado, con el pasado de mi familia; y sobre todo, con el pasado de mi abuelo materno, quien fue oficial de las SS durante la 2da Guerra Mundial.

Ya que la historia de mi abuelo fue el tema de la primera conversación que tuve con Vera -años antes de la decisión de filmar este documental-  me pareció consecuente y fiel al espíritu de este proyecto que esa historia sea parte del filme.


Al mismo tiempo, tampoco quise que el nazismo fuera el tema principal del documental. La 2da Guerra Mundial no es el tema del documental, sino el encuentro de dos personas de generaciones diferentes y sus desencuentros durante ese contexto histórico.

La ocupación de Checoslovaquia ciertamente fue la razón por la cual Vera tuvo que abandonar Europa y finalmente llegó a Ecuador. La pérdida de su niñez, su infancia y su patria Praga - cosas que ella también idealizó posteriormente - fueron claves para causar la crisis tremenda que Vera vivió posteriormente durante su carrera como actriz en Quito. La crisis y el dolor la llevaron a buscar ayuda con Dürckheim, quien se convirtió en el maestro espiritual de Vera y le ayudó a sanar su "pequeño yo", como Vera lo llamaba.

En ese sentido, la guerra, el nazismo y sus consecuencias fueron motivos que aparecen varias veces durante la película. Es la goma que une las dos historias; conduce la historia de vida de Vera, pero también la estructura de nuestros encuentros y la dramaturgia del documental. La Guerra está ahí en el fondo, pero nunca se vuelve demasiado importante, porque es más importante hablar de las cosas en el presente.

El tema del documental más bien sería en pocas palabras la transformación de un trauma del pasado, causando una vida mejor, más ligera y feliz en el presente, a través de un encuentro profundo de dos personas.
 ¿El tema de la memoria es un aspecto fundamental en tu obra?
La memoria es un tema que me interesa mucho, seguramente tiene que ver con mi interés por el psicoanálisis y la psicoterapia. Me interesa profundizar en los traumas psicológicos de los protagonistas, hacer que el cine -o mejor dicho el cine documental- se convierta en una ayuda y sanación de las heridas emocionales a través de la confrontación con el pasado y la memoria. Diría que más que la memoria por la memoria, me interesan las posibilidades de curación o sanación a través del arte. Ese argumento es otro punto de encuentro que tuve entre el trabajo de Vera y el mío.
 

 
¿Cómo estructuraste el guión de la película?

No hubo un guión previo. Yo había leído la autobiografía de Vera "Terapia iniciática - Hacía el núcleo sagrado" y en base de las anécdotas que ella narraba empecé a tomar notas. Sabía que quería tener ciertos momentos de su biografía en mi documental. El segundo punto clave era que iba a haber dos viajes, el de Vera y el mío. Entonces había que elegir diferentes texturas para distinguir estos tres mundos (mi interior/el presente juntos/el interior de Vera). Por lo mismo elegí diferentes materiales visuales (16mm blanco y negro, video HD en color y grabaciones de una proyección de antiguos materiales fílmicos en color). La estructura final del documental se encontró en gran medida en la edición. Trabajé dos años en el montaje del material. La estructura final de la película imita una cronología del desarrollo de una relación entre protagonista y realizador, quienes se acercan poco a poco. Esa cronología de conversaciones y encuentros es interrumpida varias veces por pausas, que van acompañadas con materiales fílmicos introspectivos y más personales.


¿Cuál es la lógica que está detrás de un filme de mucho diálogo y un filme más visual y en qué estilo se define tu película?

Obviamente, si se trata de un documental de "Oral History" este cuenta con más diálogos que por ejemplo un documental observacional. En nuestro caso la decisión no fue tanto metodológica, sino a causa del estado de salud de Vera. La forma de dialogar sobre el pasado con Vera era la manera más fiel para poder realizar este filme. No soy muy "fan" de "re-enactments", porqué la mayoría de las veces que se usa esta técnica en documentales, me parece bastante barata, falsa y le quita fuerza a las historias. Claro, un documental con tan alta cantidad de diálogos, tampoco es fácil para el espectador. Por eso decidimos con la montajista Amparo Mejías, darle aire a los diálogos, espacios de respiraciones, donde el espectador pueda reflexionar y digerir los contenidos de las entrevistas.

¿Cuánto tiempo implicó realizar este documental y en cuáles escenarios se rodó la película?

El primer contacto con Vera fue en el año 2008. El prólogo del diálogo fue filmado en esta época. En 2009 filmamos unas escenas, cuando Vera vino a visitar a su hermana en Viena (pero nada de este material encontró su camino a la película final). En 2010 empezó el rodaje verdadero y filmamos básicamente todo el material en el lapso de tres a cuatro meses. El proceso de montaje duró dos años, hasta 2012. Y me costó otro año más conseguir el dinero para poder realizar toda la postproducción. Se puede decir que fue un trabajo de cuatro años en su totalidad. No fue para nada fácil, lo más complicado, la situación económica.


Cuéntanos algo de la experiencia respecto de las proyecciones del filme en festivales y concursos ¿Qué aprendizaje te dejó ese proceso?

La primera proyección en los EDOC en 2013 fue el estreno mundial. Vinieron muchos amigos, pacientes, familiares, colegas. Yo estuve nervioso, porqué sabía que era un documental con mucho diálogo. No sabía como la gente iba a reaccionar. Pero los comentarios del público después de la función me dejaron con una fuerte sensación de gratitud. No había pensado que me iban a agradecer tanto el haber hecho este documental. Fue hermoso estrenar el trabajo en los EDOC.

Luego me sorprendió como el documental tuvo muy buena recogida en Argentina y Uruguay, donde estuvo en el FIDBA, Haroldo Conti, EU-Film Festival, Atlantidoc, Festival de Cine de Uruguay y Festival de Cine Judío de Punta del Este.
No pude asistir a todos los festivales (ni Francia, ni Rusia, ni Belarus, ni Bolivia...), pero por ejemplo me dio un gusto enorme que en el Festival de Cine de Málaga, donde la película estuvo en Competencia Documental, la montajista Amparo Mejías, una sevillana, pudo representar la obra ante el público español.

La proyección más impresionante e impactante, que mi documental ha tenido hasta la fecha, fue en la Cineteca Nacional en México DF, donde se estrenó un día después de la primera gran marcha en contra de la violencia y corrupción del gobierno mexicano en noviembre. El día de la proyección hubo una toma simbólica de la Cineteca. Jóvenes cineastas, estudiantes, activistas y documentalistas proyectaron al aire libre diferentes cortometrajes y grabaciones de la marcha el día anterior. La atmósfera era llena de energía positiva y crítica, la gente anhelando un cambio en la sociedad. Luego comenzó mi documental en sala no. 8 y vi, después de la función, varias personas tenían lagrimas en los ojos. Empezaron a contar historias de su sus propias vidas, exilio político, pérdidas familiares; el dolor que México estaba viviendo en este momento, la represión, la violencia policíaca, sueños incumplidos y los sueños y deseos de una sociedad más justa.

Una mujer humilde había llegado por casualidad, por las marchas hubo menos tráfico y ella llegó temprano a Coyoacán (barrio de la Cineteca). Como le sobró tiempo, entró. El título de una película le llamó la atención: "Y en el centro de la Tierra había fuego". Luego de la función nos contó una historia increíble...

Así sew cerró una noche hermosa; fue tremenda la acogida que el documental tuvo en México; y ya serán dos meses que Vera sigue en cartelera en la Cineteca Nacional.
 

 

 
Reina Victoria N21-35 y Jorge Washington. Edificio Aranjuez. Piso 7. Quito-Ecuador. Teléfonos: (593) 2541 362 - 2 236 894
0.7